Cuando pensé en realizar una investigación acerca del consumo y de las personas habitantes de calle que se refugian en las drogas me saltaron ciertas dudas sobre donde iba a encontrar material necesario para lograr un producto final, pensé en dirigirme a centros conocidos especializados en adicciones, buscar en internet, pero no, la intención principal era mostrar la verdadera realidad de un mundo que no es indiferente para nuestra sociedad, pero que pareciera estar cada vez más hundido en el olvido.
Cuando pasaba en Transmilenio por las calles 22 y 26 siempre veía este sitio como algo peligroso lleno de vicio, prostitución y de gente mala, pero fue allí donde encontré todos los condimentos esenciales para realizar un buen plato cargado de historias inimaginables. Empecé a caminar por la decima con diecinueve hasta la calle 24, en el centro de la capital y baje hasta llegar a la caracas, un sitio al cual nunca pensé recorrer con mis pies pero que por cosas llegué hasta allí. En la esquina de la 24 con caracas pregunté por simple curiosidad donde podía ubicar un sitio de rehabilitación para los drogadictos, ya que no quería seguir caminando más en este sitio que me causaba pánico por cualquier lado habían indigentes, travestis y gente con aspecto un tanto peligroso; y fue allí donde el señor que me atendió me dijo “pues la verdad aquí también funciona de centro de rehabilitación” quede asombradísima ya que por fuera parecía más un lavamotos que otra cosa, mientras llamaban a la persona que me iba a dar la información necesaria me saltaron varios interrogantes en mi mente; como por ejemplo que estoy haciendo acá, será que si fue buena idea esto; hasta que salió de la nada Juan Alberto Giraldo, un hombre de más o menos 50 años, con apariencia extraña y con una voz gruesa; le comenté el porqué de mi visita, la intención de manejar un tema como este, y él comenzó a explicarme de manera minuciosa cual era el funcionamiento de esta fundación que a pesar de que no fuera reconocida y que no tengo una súper fachada es el alberque de más de 30 personas que buscan refugio y un espacio donde se sientan identificados.
Cada palabra que él iba diciendo me iba generando más intriga por saber a lo que me enfrentaría, un mundo real pero que está guardado en el centro de la capital; observaba como entraban y salían personas de este lugar, todos con rostros que reflejaban adicciones y una vida dura; cuando miraba hacia el fondo del lugar veía algo tenebroso como el closet de un niño que le teme a la oscuridad y que sabe que de ahí puede salir algo, eso era lo que mi cuerpo producía, una serie de miedos que no sabía si realmente iba a enfrentar; concretamos una cita para el siguiente día en las horas de la tarde y me fui de allí pensando en cómo iba a trascurrir la entrevista y con sed de que ya fuera mañana para vivir esa experiencia.
Eran las 2:30 de la tarde y me dirigí a este sitio que me esperaba con los brazos abiertos, no puedo negarlo sentía demasiado miedo, un pánico por saber lo que iba a pasar en ese lugar, no sabía a qué personajes me enfrentaría, entonces me encomendé a las manos y Dios y llegué de nuevo a la 24 con caracas, a lo lejos vi que estaba don Alberto sentado en un silla mirando los carros pasar y cuando me vio una sonrisa salió de su rostro y me dijo que puntual. Entramos y la zozobra se hacía cada vez más grande, me mostró las habitaciones, la cocina, el baño, el “sauna” y decidimos hacer la entrevista en su habitación que era la más grande y si se puede llamarlo de esta forma la que tenía más lujos; comienza por contarme quien es Alberto Giraldo y porque cae en el putrefacto mundo de las drogas, es un ingeniero industrial que ha vivido en un mundo de lujos y de buenos hábitos, consagrado a su familia y sobre todo muy inteligente que por cosas del destino conoce la heroína y se vuelve adicto a ella, dejando a un lado su casa, su familia, su vida por convertirse en el “Profe” como lo llaman los habitantes de la calle. Viviendo en las calles como cualquier otro indigente Alberto siente la necesidad de ayudar a los otros que como él están sumergidos en el mundo de la drogadicción y es allí con la ayuda de Carlos un señor que a pesar de no ser drogadicto quiere ser parte de esta fraternidad y decide unirse a Alberto y fundan lo que hoy es “Ayúdame a vivir” que es una fundación sin ánimo de lucro que recibe a personas marginadas como drogadictos, prostitutas, desplazados, habitantes de calle que no tiene donde vivir y les ofrecen un espacio donde aparte de encontrar servicios básicos hallan amor y comprensión que es uno de los causantes de la adicción, la falta de amor y la soledad. Alberto cuenta cómo nació este lugar que ya lleva cerca de un año y que hoy en día es el refugio para muchos adictos que necesitan ayuda. Preguntarse cómo hacer para vivir entre personas como estas fue una pregunta que no podía dejar de hacer y él me dice, que todos estos personajes son sus hijos y que esa es una de las ideologías de este lugar, crear lazos de hermandad y de fraternidad entre los unos y los otros para que aprendan normas de convivencia aptas para un buen funcionamiento de este lugar.
Cerca de una hora duro la entrevista con Alberto, que más que un adicto pareciera ser un catedrático por su forma de expresión y la manera cómo ve el mundo; escucharlo es todo un derroche de sentimientos no quería que dejara de hablar, mientras él daba su oratoria yo pensaba en que podía hacer para ayudar a estas personas y la verdad que con muy poco se puede hacer feliz a personajes como estas.
Ante el mundo y ante la sociedad temas como la drogadicción son cada vez más ajenos y quisiéramos que una situación como esta no toque nuestras vidas ni la de nuestras familias, pero desafortunadamente todos estamos expuestos a caer en las garras de la droga donde claramente se muestra un túnel sin salida.
Qué pensarán los entes políticos, el Estado, nuestras autoridades, acerca de estas fundaciones que recogen gente adicta y que les ayudan de cierta forma a superar la soledad y las ganas de consumir; yo creo que ni se les pasa por la mente que existen sitios como estos que hacen parte de nuestra sociedad y que cada vez se están haciendo más notorios y se están expandiendo. Pienso que hay que hacer un alto en el camino y mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta que existen personas que merecen y que necesitan del apoyo no solo económico sino moral de todos los que vivimos en esta ciudad…




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